martes, 30 de noviembre de 2010

Comienzo a sospechar

Que la maldición (¿o bendición?) de Dorian Gray que mis padres me heredaron pesa para ser una señorita coordinadora de estación radial. Parece ser que con mi look de alumna no me queda más que disfrutar de los beneficios hasta que cumpla 40.


Habiéndome exiliado a la cabina por el frío de la chingada que hace en la oficina (sépanse, queridos y escasos lectores, que en el penúltimo piso nos encontramos totalmente lejos de la mano de Dios - que no Maradonna - y aquello está muerto para estas fechas), me he encontrado con una visita inesperada. Ella dijo ser "representante de un grupo pop" y yo sospeché por su misteriosa descripción que se trataría de un pez gordo. Pero qué equivocada estaba.

Sin restar seriedad al asunto - con todo y que su servidora ha dejado el decoro del tacón por el zapato de piso, contrario a lo que Lupe Esparza recomendaría - la invité a pasar a la oficina... y sopas, que me zorraja un disco con unos güeyes en la portada que parecen estar posando en algún confín del Plan Sexenal. ¿¡Qué pedo!? De ahí en adelante me fue imposible concentrarme en otra cosa que no fueran sus uñas de acrílico con una pequeña Torre Eiffel con todo y la lunita en el cielo estrellado que simulaba con una capa de barniz morado y diamantina. Debo... concentrarme... en... ¡acrílico! ¡Niurka Marcos! ¡No puedo dejar de ver sus uñas!

Jamás entenderé a las personas que pueden realizar toda actividad diaria con esa suerte de artificios. En fin, que me he enclaustrado en la oficina de nuevo, contemplando el disquito que me han venido a enjaretar.

Y sin más, me voy a pensar en las uñas postizas. Tal vez eso me falte para ganar la formalidad de una señorita coordinadora de la estación - profesora.


He de volver, esos alumnos no se van a reprobar solos.


martes, 23 de noviembre de 2010

El poeta no ha de ser simplemente un artista, debe ser un vidente. Su destino no es el cielo azul, sino el abismo sin fondo de lo desconocido. El poeta tiene que convertirse en el gran enfermo, el gran criminal, el gran maldito y el sabio supremo.



Arthur Rimbaud


Cual visita de doctor

Y chíngate-esta-el-cerebro-se-me-secó, me veo en la penosa necesidad de hacer una entrada breve. Nah, tampoco andaba de parranda - si me preguntan, esa es la parte triste - sino en chinga loca siendo una persona con obligaciones fiscales. Esto de ser persona de bien va a matarme.


Más noticias por venir - prometo no escribir la siguiente entrada el día del Juicio Final.


Que tenga asté un sabroso cierre de mes.