lunes, 31 de mayo de 2010

Cinco infamias

Y no de las chidas. Bueno, al menos no como las mías de chidas.


Como inventario de una de las mejores experiencias de la existencia (involuntariamente larga, a su parecer) de su segura servidora, es decir, el concierto de Sir Paul McCartney, he sentido la obligación de compartir con ustedes una lista de artículos que uno debe evitar si está en busca del llaverito, la tacita o cuanta madre se le ponga enfrente para el recuerdo. Cuando uno se topa con el tipo de vendedor que es capaz de escribir Pol Macarni en un caballito de tequila con repujado y demás preciosuras, simplemente hay que guiar al consumidor para evitar las siguientes atrocidades:

  1. La chamarra de mezclilla con el nombre del cantante en cuestión bordado en la espalda. Terribles. Absténgase a menos de que sea una especie de señora cuarentona que piensa que las chamarras de mezclilla cortas son muy "modernas" (dígase en tono de tía que uno evita porque cree ser parte de la "chaviza"). Ahora que si quiere hacer el juego del atuendo, póngase unos pantalones de mezclilla cuasi-blanca hasta las axilas. Ah, no. Seguro ya los tiene, a juzgar por su elección.
  2. Playera desteñida con el nombre bordado en un color que no combina. Oquei, éstas son aún más terribles. A menos de que sea usted una especie de don que las colecciona en todas las tonalidades del desteñido artesanal de su infancia, evítelas si no quiere parecer cuarentón a los veinte.
  3. El póster con mala ortografía. De acuerdo, uno pone pósters si se quiere ver noventero - Pero no vamos a empeorar la situación poniendo uno de Paco de Lucía para que todo mundo se entere de nuestra edad. Snif. Por Dios, las impresiones en tinta plata que se le queda a uno en los dedos a la menor provocación no le favorecen al rostro de Rocío Dúrcal - ¿o qué estará de moda entre los jóvenes ahora?
  4. Sudadera Adidas de imitación con la banda/cantante estampado en la espalda. Peor todavía si se trata de una impresión de dudosa procedencia que reza "Paul McCartney" y en realidad tiene un monigote con enorme cabeza y un pedazo de pierna mocha porque el trabajo de serigrafía en realidad fue elaborado artesanalmente con una plantilla cortada con cúter (o cutter, agringadamente).
  5. Camiseta de 'la sele' con el nombre del cantante / banda en la espalda. Gacho, mano. A menos de que estemos hablando de que son Soda Estéreo o los Babas, los Auténticos Decadentes u otro noventero argentino, no hay justificación. Suficiente tengo con los manos que venden imitaciones de camisetas de los güeyes que hacen sándwiches en la tele y no me dejan pasar por su auto de comercio ambulante.
Y con el lapsus de amargura, yo nomás digo. Del concierto... excelso. Sí, yo vi a Sir Paul y se lo podré contar a mis nietos si hay tales. Y si no es que terminé con veinte gatos, debajo de un puente y con un sombrero de papel aluminio. De todos modos, a alguien habrá que contárselo. Me quedo sin palabras que le hagan justicia a esa maravilla de espectáculo.

Esperen la crónica, pues.

Me voy a pegar la pestaña. O clavar el pico, el que caiga.


¡Volveré!
La Morena de Fuego*

martes, 11 de mayo de 2010

Noticias desde la zona conurbada

En uno de aquellos paseos, tan bellos bellos... En realidad, sólo un viaje involuntario a la Hermana República de Coacalco-Tultitlán (donde es un hecho científicamente comprobado que el conteo de congales varía diario, aumentando de modo inclemente cada veinte minutos), tuvimos a bien detenernos tras un taxi que, orgulloso, exhibía el mejor de los logotipos. Agárrense, genios publicitarios:




Soy fan.
Nota mental: Intentar encontrar el jingle perfecto para Radio Taxis Talibanes. Veinte puntos por la impresión a dos tintas con turbante verde. Sublime.