martes, 29 de enero de 2008

Carta de un escritor: viñetas para el novel mentiroso

Por Valeria Villegas (a.k.a Morena Tai*)
Escuchando: Karma Police - Radiohead

For a minute there, I lost myself...
  1. Estimado lector: Abrúmese usted ante lo que acaba de leer en el título. No soy un escritor retirado. Habrá de perseguirme este vicio hasta que sea yo comida para gusanos en términos prácticos.
  2. Critique, cuestione, llore, odie con intensidad, ame sin reparos. No de jamás por sentado lo que un hipócrita como yo, y otros tantos, le presentamos. Somos escritores: mentirosos de profesión y vocación que reciben aplausos por engañar. Somos escritores, malditos y abandonados a la terrible levedad del ser, a la temida suprasensibilidad.(1)
  3. Mis más aplaudidas (mentiras/gilipolleces/máximas pretensiosas) fueron concebidas en el sucio rincón de los cigarrillos y el café. Jamás del vino, éste le pone espirituosamente falso. No lo emplee a menos de ser un experto.
  4. Uno de mis más grandes amores (no hablo por todos, nunca me hicieron gracia las generalizaciones entre tanta excepción a la regla...) fue y será creeer que al mundo le interesa lo que tengo que decir, o aquéllo que me siento obligado a plasmar. Nunca escribí para nadie que no fuera yo.
  5. Como expresaba Nandino, jampas privé a mi carne ni a mi alma de ningún placer, por reprobable que éste resultara. Supongo desde siempre que la desfachatez es la eterna compañera del verdadero escritor.
  6. Advierta cuanto está alrededor. Todo es propicio a la experiencia estética. No tema vivir en tal dimensión: por experiencia propia, he de decirle que no es tan malo como se rumora.
  7. Ríase de sí mismo (no hace falta mencionar que usted el mejor crítico). No tema al ridículo: 99% de la vida transcurre dentro de éste.
  8. "Sean realistas, pidan lo imposible." "¡La imaginación al poder!". Ambas de Marcuse. Deje de temer por nimiedades estúpidas: "El mundo es de los osados", como bien decía Wilde.
  9. Alimente sus demonios, deje de temerles. Esto último constituye la enorme diferencia entre el escritor osadamente verdadero y el gilipollas mamón que pretende concebir una legendaria novela en treinta minutos.
  10. Disfrute la infamia, tema mirar hacia adentro, pero hágalo. Aún siendo una perspectiva nada halagadora, no queda más que el sentimiento y el calcinante fuego de la pasión que uno puede concebir. Aliméntese de la duda ajena, y nazca cuantas veces sea necesario. Muera de amor, que le hace sentir vivo. Como decía Nietszche, lo que no mata, le hace más fuerte (y más deliciosamente gilipollas si me pregunta).
  11. Los escritores somos hierba mala que nunca muere. He dicho.
  12. Viva del alma vieja dentro de usted. Siempre he sostenido tal convicción: los escritores, raza condenada y extraña, somos la personificación del alma perpetua de bacanales.
  13. Paladee la ironía y el sarcasmo, que la vida se teje de ellos.

Después de tales pretenciosas consideraciones, sólo me resta invitarle a la nada. Viva. Es usted un escritor.

(1) Como yo gusto de llamarle. Nota de la redacción.

martes, 8 de enero de 2008

Sobre el amor: Fase terminal

Por la Morena Tai*
Escuchando: In my life - The Beatles


- Oye... ¿Así se siente el amor?

- Pues... no estoy seguro. Creo que se siente... pero a veces quisiera poder tocarlo. O verlo, o tirarlo a la basura. La verdad no sé bien.

- Hay veces en que pienso que llegó como una especie de enfermedad y no se irá nunca. Decidido. Es un mal crónico. ¿Quién sabe...? Quizá hasta me reduzca 10 años de vida. No podía ser tan malo. Diez años son diez toneladas de mierda.

- Ey, no seas tan dura contigo misma. Dime una cosa... ¿te duele aquí? (presiona el pecho, del lado izquierdo)

-... creo que sí. Me duele cuando me río.

- Y... ¿aquí? (presiona sus sienes)

- A veces. Me duele cuando me voy a dormir y de repente aparece su imagen en mi cabeza. Es una especie de punzada, casi siempre acompañada de su presencia inexplicable yaciendo a mi lado cuando me voy a acostar.

- Vaya... creo que sí es algo grave. Dolor, alucinaciones. Quizá sea demasiado tarde. Creo que debo decírtelo. Es mi responsabilidad...

- ¡Habla, carajo! ¿¡ QUÉ PUTAS ME PASA !?

- Pues... estás enamorada. Así es. Ya se alojó en tí, y seguirá creciendo. Lamento decírtelo así, pero tienes que saberlo. Ya llegó al corazón, y ahora se extiende en el recuerdo, en la cama, en todo lo que haces. ¿O me equivoco...? No hay mucho que hacer ahora. Esto es terminal.

- ¿¡ Fase terminal !? ¿¡ Y hasta ahora me entero !? ¡¡¡ Esto es una pendejada !!! ¿¡ Qué sigue !?(grita, exaltada al borde del llanto)

- Pues, creo que un colapso nervioso. Cálmate. Anda, fúmate un cigarrillo.

- (Prende el cigarrillo) Pero... ¿cómo pasó? ¿Cómo es que esto avanzó tan rápido? ¿Fueron los pensamientos continuos? ¿Fueron las canciones? ¿Qué...?

- Pues... a veces creo que fue todo eso. No me preguntes... Uno no se da cuenta de esas cosas. Supongo que tienes que aceptarlo. Así quizá sea más fácil. No intentes darle solución ahora.

- Pero... es que me pica el pecho, no puedo dormir, mis piernas tiemblan, y parece que he perdido la razón. Ahora mi razón le pertenece. ¿Te das cuenta? ¡¡ Soy un puto guiñapo !!

- Entiendo cómo te sientes. Yo...

- Ay, por favor. Dudo que lo entiendas siquiera un poco. No puedo más. Estoy al borde de la locura. Pareces demasiado tranquilo para haberte enfermado así alguna vez.

-Creéme, te entiendo más de lo que piensas. Yo... en alguna ocasión me enamoré.

- ¿Y qué pasó?

- Ella nunca lo supo. Supongo que resultó más fácil.

- ¿Por qué no se lo dijiste...? Bueno, eso no importa. Te curaste. Eso quiere decir que todavía puede pasar lo mismo conmigo. La amabas y ahora estás bien. Dime que...

- Ey... no te equivoques. Voy a decirte un secreto: nunca me curé.

- ¿¡ Qué dices !? ¿¡ Esto durará para siempre !?

- Pues... si no es en esta ocasión, la enfermedad persistirá de manera continuada. Quizá olvides esto dentro de algunos meses, semanas, qué se yo. Pero no gano nada con mentirte, corazón. Acostúmbrate. El amor es una especie de cáncer. Cuando menos te das cuenta ya está ahí, como una destrucción pasiva y discreta. Y no, jamás se va. Resígnate, así son las cosas.

- Me lleva el carajo. Creo que no hay salida alguna. Así voy a quedarme. Tienes razón.

- ¡Vaya! Comienzas a entenderlo. Déjalo ya. Este es un mal crónico. La oena no se va sin dar batalla. El amor tampoco. Se queda, quieras o no. Duele, escoce en los ojos, arde, punza, sangra...
Mientras tanto, fuma... esperemos a que esto se consuma. Mientras existan cigarrillos, sandeces amorosas, canciones que lo condonen y comezón en el alma.