sábado, 19 de mayo de 2007

Cuando sientes que de plano te carga el chagüistle...

... te lees algo como ésto.

Recordándoles que sigo en solo mientras el buen tapatío Melo regresa a los alrededores a deschongarse, me complazco en presentar una recomendación literaria pa' chuparse los dedos: Diablo Guardián, por Xavier Velasco. Novela acreedora al Premio Alfaguara 2003.

Desde un pulgoso motel, con grabadora de reportero en mano, narra sus infamias de la joven Violetta, emputecida adolescente que se ratea algunos billetes de sus "cheesy" (como lo pone el propio autor) padres para mudarse a la Gran Manzana, cayendo en el vicio más entretenido para encontrarse con aquél que llenaría su hueco de cómplices y amigos: el descarado Pig, escritor de aparente crapulencia, que se desnuda totalmente para mostrar un abanico de complejas sensaciones. Definitivamente, nos encontramos ante uno de los estilos más guarramente exquisitos: uno de los mejores portavoces de aquéllo que tememos contar al más íntimo de nuestros amigos.

Bien, después de esta pequeña reseña que pretende revelar lo suficiente para picarle la curiosidad a todo lector del blog, les dejo con una de mis citas predilectas (son bastantes, debo decir, pero mis dedos dan suficiente para compartir una sola...), aquélla en que se resume en parte la relación de éstos dos complejos (pero honestos) personajes:

"Puede haber mucha gente que me desprecie, o que me menosprecie, pero si un día sientes que de verdad me odias, acuérdate de todo lo que tu pinche amo: soy el amor apache de tu vida"

[Velasco]
A disfrutar...
Recuérdoles que es bastante extensa la novela, luego no me salgan con mariconerías: vale la pena...
Coméntenle - y cómo diría el buen KaBeZa - no sean agarrados.
VELASCO, Xavier. Diablo Guardián. Alfaguara, 2003. 500 pp.

jueves, 3 de mayo de 2007

De rarezas urbanas

¿Por qué no...?

Disfrútele, marchante.


Villegas*



Arte en la piel

A lo largo de la historia, el afán vanidoso de las masas ha tenido varias formas. Si bien éstas van de lo más convencional y parcial como el maquillaje o los complicados peinados, es necesario explorar uno de los artes a este respecto más reprobados… el tatuaje y la modificación corporal. Estas prácticas, asociadas comúnmente con los individuos excéntricos, criminales o disidentes sociales, datan de mucho tiempo atrás a tales concepciones negativas. Tatuajes, perforaciones y otros rituales han adquirido connotaciones distintas en ámbitos culturales diversos: en la Polinesia, así como en sectores nativos de Nueva Zelanda, el tatuaje constituye un símbolo de estatus y valentía, mientras los juicios occidentales le condenaron y relegaron por mucho tiempo. Asimismo, existen miles de significados conferidos a la función de esta intervención corporal: ahora comunicando bravura, otrora sensualidad, nos ubicamos en una época de reivindicación del arte corporal. Tal aceptación y desarrollo del tatuaje y la perforación (conocida bajo el término anglosajón piercing) también ha dado lugar a la creación de técnicas alternativas corporales que van desde los implantes quirúrgicos bajo la piel hasta el branding (similar a los hierros candentes empleados para marcar al ganado) o las marcas de cicatrices queloides (producto de trazos inflingidos un bisturí).
Con el propósito de difundir los conocimientos necesarios para la práctica responsable de la modificación corporal, durante las últimas dos décadas el mundo ha dado a luz a importantes instituciones y escuelas, así como conferencias y eventos en que los profesionales innovan en el terreno del arte trasladado al cuerpo mismo. De esta manera, es posible ubicar a importantes tatuadores y perforadores en todo el mundo, tales como Chris Garver (tatuador estadounidense, experto en tatuaje japonés) o Marco Keik: orgullosamente mexicano, propietario de diversos estudios en México y Madrid; así como perpetrador de la primera perforación de ésta su interlocutora y responsable de su iniciación en el arte corporal.

Fue bajo tales consideraciones que comenzó el recorrido por la interesante jornada de un estudio local de tatuajes y perforaciones: el Monster 666 Tattoo and Body Piercing Studio. El responsable del mismo es Allan, un perforador de procedencia mexicana y vasta experiencia a lo largo de sus veintidós años: su faz lucía tranquila y desenfadada, mientras sus jeans y sus deportivas Vans me hacían sentir en confianza. El “trabajo” hecho en su cuerpo era advertible de primera mano en las expansiones de sus orejas, cuyas piezas de madera evocan el carácter primario y guerrero de las perforaciones. De la misma manera, el tatuador del lugar, Dante, si bien podría generar una impactante primera impresión gracias a sus seis perforaciones alrededor de la boca (así como en nariz, cejas y lengua), desarrolla un increíble talento gráfico, mismo que pude admirar al encontrarle trazando un boceto para un extenso tatuaje de motivos japoneses.

Sin embargo, a propósito de tales menciones en el ámbito del tatuaje, es importante apuntar hacia ciertos individuos de cuya presencia he gozado, como prueba irrefutable de un increíble talento: los tatuadores que ponen en práctica sus artes en Tattoo Studio, propiedad de “Gabo”, famoso tatuador establecido desde hace ya algunos años en la Zona Rosa. En tal local (ubicado en un edificio entre las calles de Londres y Génova, y desafortunadamente cesado en actividades hasta nuevo aviso) se tejen millones de historias alrededor de la belleza, el sufrimiento y, por supuesto, el recuerdo indeleble que ahora poseen aquéllos cuyo masoquista placer ha sido inflingido por el propio Gabo o sus colaboradores. Es entonces que el diseño gráfico y plástico se hermana con el arte corporal: Nyx es el mejor ejemplo de ello. Graduado del INBA en sus divisiones de artes gráficas, provee muchos de los mejores diseños del estudio. Asimismo, el simpático Camaro (un interesante individuo de complexión delgada y tres “terceros ojos” perforados en el tabique de la nariz) tiene en sus manos las perforaciones de quienes disfruten del dolor momentáneo que orada la carne para insertar atractivas piezas metálicas que bien podrían ser lunares o beauty marks artificiales… a partir de este preciso momento, es necesario interrumpir el relato, querido lector, para invitarle a trazar una increíble y cuasionírica imagen. Entra pues al local (repleto de motivos de heavy metal y gótico, así como camisetas de bandas como Nightwish que se dibujan sobre la luz negra) un hombre de complexión delgada, cabeza rasurada y relajado andar. Sin embargo –y para esto es necesario emplear más enérgicamente la imaginación – el individuo en cuestión se distingue por un particular aspecto: sus mejillas están adornadas con espirales tribales, una pieza metálica atraviesa su séptum, así como otras de diversas formas perforan sus sienes y cejas. Dos negras piezas de acero quirúrgico crean artificiales hoyuelos en sus mejillas, así como cuatro pequeñas piezas crean unos extraños abultamientos en su frente y dos aros de madera negra dilatan desmedidamente los lóbulos de sus orejas. Y, este hijo de la modificación corporal me dirige una amable sonrisa, haciendo honores visuales a su impactante seudónimo: Secta.
Este hombre (que, cabe aclarar, no es producto de una extraña imaginería…) excita en nuestras imaginaciones diversos estados estéticos. Sin embargo, todos ellos confluyen en una cuestionante que hace vibrar el corazón… ¿se puede ser una obra de arte viviente?



Nota al pie.

Prometo pues, ilustrar más chidamente éste esbozo de reportaje-crónica-momento. Disfruten mientras, esta pobre manifestación de arte corporal... (redoble) La primera perfo de su servidora, la Morena Tai*