lunes, 24 de septiembre de 2007

La Morena Tai* recomienda: Cine que rockea.

Pues reportándome nomás, deschongados compas.



Resulta pues que no había podido dar señales de vida por la presión de la escuela, ya ve, una que decide entrar a la universidá y nomás le ponen unas santas chingas... Así es ésto de la escolaridá, como dice mi compa Israel.



El caso es que esta vez no les fallo, y les vengo con una recomendaCEÓN más que excelente: el ciclo de la Cineteca Nacional de septiembre, Rock en el Cine. Armado por el IMER (Instituto Mexicano de la Radio) y la mismísima Cine, este ciclo abarca del 17 de septiembre al 30. Se exhibirán películas que van desde los documentales (Bob Dylan: No direction home y Backbeat. El Inicio de Los Beatles, entre otras) hasta conciertos, como el mero Monterey Pop Festival (así se escribe, el legendario, ya ve que los gringos gustan de mutilarnos palabras en español).

Resulta pues un ciclo delicioso, pa' todos aquellos que gustamos de las rarezas del rock and roll. La recomendación va también para los fans de los "papás Beatles" (Darío, 2007), puesto que se exhiben movies como A Hard Day's Night e Imagine, considerando pues al gigantesco Lennon como lo que fue: un hito en la historia del rock.

Lánzense si les late, que yo estaré esperando por acá una inviteishon a ver si algún amable cristiano tiene a bien acompañarme al deschongado tur (tu ru rú) por tierras sureñas. Recomiendo ampliamente una cheve en La Bipolar (deschongado y kitsch restaurante de Diego Luna y Chema Yazpik) o bien, tras la movie, una narguila y cotorreo en Burma.



Saludotes y nos topamos.
¡Disfruten!


La Morenaza Tai*

sábado, 15 de septiembre de 2007

La limusina naranja*


Zócalo, Hidalgo, Chabacano, he cruzado un millón de veces...
He querido salir por la puerta pero siempre hay alguien que empuja para adentro...
[El Metro. Café Tacvba]
Meteoro, Subterráneo, Metro, Transporte Colectivo Metro o como quiera llamarle...
Fotografía por La Morena Tai*
Si gusta usted de esta suprema obra de fotografía espontánea (je), píquele acá:
www.flickr.com/photos/quente-gatinha y disfrute de otras tantas escenas del DeFectuoso salidas de mi modesta cámara digital.
Abur ¡!

viernes, 31 de agosto de 2007

S'us órdens, jfeeee ¡!

Comenzando con la pintoresca frase del Maese Mario Moreno "Cantinflas" en "El Patrullero 777", os saludo de nuevo, deschongados y limitados lectores. No estaba muerta, andaba de parranda ¡!

El día de hoy ha estado bastante flojo. La semana promete innigualables ratos de académica diversión (vulgarmente conocida como "exámenes"... yupi ¡!) y horrendo cansancio.

Qué diablos, haré uso de la artillería pesada: la máquina de espresso que mi progenitor tuvo a bien regalarme.

Desde las teclas de mi computador personal, os deseo feliz noche y descansados días. Blegh.

A darle sabroso, nos seguiremos topando.

ARROOOOZZZ ¡!
La Morena Tai*, pa' servirles a astedes' y a la Virgencita.

domingo, 12 de agosto de 2007

¿Productiva yo?


A veces quisiera dormirme en el metro, para ver en dónde demonios termino.
Pero termino dándome cuenta de que las cautelosas técnicas de sus usuarios para hurtar a uno podrían valerme quedarme sin ropa, ultrajada, manoseada y sabroseada, golpeada, escupida o algo parecido.
Diversión ¡!
Ya os reportaré cómo me va al dormirme desde Patriotismo. Seguiremos informando.
Fotos, texto y tonteras:
La Morena Tai*

sábado, 19 de mayo de 2007

Cuando sientes que de plano te carga el chagüistle...

... te lees algo como ésto.

Recordándoles que sigo en solo mientras el buen tapatío Melo regresa a los alrededores a deschongarse, me complazco en presentar una recomendación literaria pa' chuparse los dedos: Diablo Guardián, por Xavier Velasco. Novela acreedora al Premio Alfaguara 2003.

Desde un pulgoso motel, con grabadora de reportero en mano, narra sus infamias de la joven Violetta, emputecida adolescente que se ratea algunos billetes de sus "cheesy" (como lo pone el propio autor) padres para mudarse a la Gran Manzana, cayendo en el vicio más entretenido para encontrarse con aquél que llenaría su hueco de cómplices y amigos: el descarado Pig, escritor de aparente crapulencia, que se desnuda totalmente para mostrar un abanico de complejas sensaciones. Definitivamente, nos encontramos ante uno de los estilos más guarramente exquisitos: uno de los mejores portavoces de aquéllo que tememos contar al más íntimo de nuestros amigos.

Bien, después de esta pequeña reseña que pretende revelar lo suficiente para picarle la curiosidad a todo lector del blog, les dejo con una de mis citas predilectas (son bastantes, debo decir, pero mis dedos dan suficiente para compartir una sola...), aquélla en que se resume en parte la relación de éstos dos complejos (pero honestos) personajes:

"Puede haber mucha gente que me desprecie, o que me menosprecie, pero si un día sientes que de verdad me odias, acuérdate de todo lo que tu pinche amo: soy el amor apache de tu vida"

[Velasco]
A disfrutar...
Recuérdoles que es bastante extensa la novela, luego no me salgan con mariconerías: vale la pena...
Coméntenle - y cómo diría el buen KaBeZa - no sean agarrados.
VELASCO, Xavier. Diablo Guardián. Alfaguara, 2003. 500 pp.

jueves, 3 de mayo de 2007

De rarezas urbanas

¿Por qué no...?

Disfrútele, marchante.


Villegas*



Arte en la piel

A lo largo de la historia, el afán vanidoso de las masas ha tenido varias formas. Si bien éstas van de lo más convencional y parcial como el maquillaje o los complicados peinados, es necesario explorar uno de los artes a este respecto más reprobados… el tatuaje y la modificación corporal. Estas prácticas, asociadas comúnmente con los individuos excéntricos, criminales o disidentes sociales, datan de mucho tiempo atrás a tales concepciones negativas. Tatuajes, perforaciones y otros rituales han adquirido connotaciones distintas en ámbitos culturales diversos: en la Polinesia, así como en sectores nativos de Nueva Zelanda, el tatuaje constituye un símbolo de estatus y valentía, mientras los juicios occidentales le condenaron y relegaron por mucho tiempo. Asimismo, existen miles de significados conferidos a la función de esta intervención corporal: ahora comunicando bravura, otrora sensualidad, nos ubicamos en una época de reivindicación del arte corporal. Tal aceptación y desarrollo del tatuaje y la perforación (conocida bajo el término anglosajón piercing) también ha dado lugar a la creación de técnicas alternativas corporales que van desde los implantes quirúrgicos bajo la piel hasta el branding (similar a los hierros candentes empleados para marcar al ganado) o las marcas de cicatrices queloides (producto de trazos inflingidos un bisturí).
Con el propósito de difundir los conocimientos necesarios para la práctica responsable de la modificación corporal, durante las últimas dos décadas el mundo ha dado a luz a importantes instituciones y escuelas, así como conferencias y eventos en que los profesionales innovan en el terreno del arte trasladado al cuerpo mismo. De esta manera, es posible ubicar a importantes tatuadores y perforadores en todo el mundo, tales como Chris Garver (tatuador estadounidense, experto en tatuaje japonés) o Marco Keik: orgullosamente mexicano, propietario de diversos estudios en México y Madrid; así como perpetrador de la primera perforación de ésta su interlocutora y responsable de su iniciación en el arte corporal.

Fue bajo tales consideraciones que comenzó el recorrido por la interesante jornada de un estudio local de tatuajes y perforaciones: el Monster 666 Tattoo and Body Piercing Studio. El responsable del mismo es Allan, un perforador de procedencia mexicana y vasta experiencia a lo largo de sus veintidós años: su faz lucía tranquila y desenfadada, mientras sus jeans y sus deportivas Vans me hacían sentir en confianza. El “trabajo” hecho en su cuerpo era advertible de primera mano en las expansiones de sus orejas, cuyas piezas de madera evocan el carácter primario y guerrero de las perforaciones. De la misma manera, el tatuador del lugar, Dante, si bien podría generar una impactante primera impresión gracias a sus seis perforaciones alrededor de la boca (así como en nariz, cejas y lengua), desarrolla un increíble talento gráfico, mismo que pude admirar al encontrarle trazando un boceto para un extenso tatuaje de motivos japoneses.

Sin embargo, a propósito de tales menciones en el ámbito del tatuaje, es importante apuntar hacia ciertos individuos de cuya presencia he gozado, como prueba irrefutable de un increíble talento: los tatuadores que ponen en práctica sus artes en Tattoo Studio, propiedad de “Gabo”, famoso tatuador establecido desde hace ya algunos años en la Zona Rosa. En tal local (ubicado en un edificio entre las calles de Londres y Génova, y desafortunadamente cesado en actividades hasta nuevo aviso) se tejen millones de historias alrededor de la belleza, el sufrimiento y, por supuesto, el recuerdo indeleble que ahora poseen aquéllos cuyo masoquista placer ha sido inflingido por el propio Gabo o sus colaboradores. Es entonces que el diseño gráfico y plástico se hermana con el arte corporal: Nyx es el mejor ejemplo de ello. Graduado del INBA en sus divisiones de artes gráficas, provee muchos de los mejores diseños del estudio. Asimismo, el simpático Camaro (un interesante individuo de complexión delgada y tres “terceros ojos” perforados en el tabique de la nariz) tiene en sus manos las perforaciones de quienes disfruten del dolor momentáneo que orada la carne para insertar atractivas piezas metálicas que bien podrían ser lunares o beauty marks artificiales… a partir de este preciso momento, es necesario interrumpir el relato, querido lector, para invitarle a trazar una increíble y cuasionírica imagen. Entra pues al local (repleto de motivos de heavy metal y gótico, así como camisetas de bandas como Nightwish que se dibujan sobre la luz negra) un hombre de complexión delgada, cabeza rasurada y relajado andar. Sin embargo –y para esto es necesario emplear más enérgicamente la imaginación – el individuo en cuestión se distingue por un particular aspecto: sus mejillas están adornadas con espirales tribales, una pieza metálica atraviesa su séptum, así como otras de diversas formas perforan sus sienes y cejas. Dos negras piezas de acero quirúrgico crean artificiales hoyuelos en sus mejillas, así como cuatro pequeñas piezas crean unos extraños abultamientos en su frente y dos aros de madera negra dilatan desmedidamente los lóbulos de sus orejas. Y, este hijo de la modificación corporal me dirige una amable sonrisa, haciendo honores visuales a su impactante seudónimo: Secta.
Este hombre (que, cabe aclarar, no es producto de una extraña imaginería…) excita en nuestras imaginaciones diversos estados estéticos. Sin embargo, todos ellos confluyen en una cuestionante que hace vibrar el corazón… ¿se puede ser una obra de arte viviente?



Nota al pie.

Prometo pues, ilustrar más chidamente éste esbozo de reportaje-crónica-momento. Disfruten mientras, esta pobre manifestación de arte corporal... (redoble) La primera perfo de su servidora, la Morena Tai*






miércoles, 18 de abril de 2007

Viernes de Arena

El Santo, El Cavernario, Blue Demon y Bull Dog... Y, con todos ellos, el desahogo de la Ciudad traducido en chingadazos.


El Santo Deschongue! se enorgullece en presentar la segunda crónica marciana de este espacio: una noche en la legendaria Arena México, en palabras de la Villegas y su original colectivo de féminas gustosas de la lucha libre. A disfrutar. Arrroooooozzz ¡!



Viernes de Arena

ADVERTENCIA: todos los hechos que aquí se narran son enteramente verdaderos. De haber intentado inventarlos, no hubiéramos concebido una crónica tan creativamente surreal.

En la primera caída, la llegada al Pancracio, recinto donde la única regla… es que no hay reglas.
En la segunda, el desarrollo del fiero encuentro, interculturalidad a pleno, el consumo de los más insalubres manjares, y la compra de los más inusuales recuerdos.
Y por último, la incomparable asfixia de la salida, y la caza de fotografías con los fieros luchadores… sin éxito alguno.



PRIMERA CAÍDA. EL ARRIBO (O LO QUE SERÍA NUESTRA PRIMER EXPERIENCIA LUCHÍSTICA)

Bien, cuestionando pues la ubicación del recinto al más inusitado transeúnte, navegábamos por la avenida Chapultepec, atrapadas en el tráfico de un inocente primer viernes de mes y llegando por fin a una esquina que prometía ser la previa a la conocida
Arena México. La muchedumbre enmascarada, y en otros tantos casos embriagada de emoción, delataba la ubicación de la taquilla. Más pronto de lo que nos tomó dar un respiro, el primer revendedor nos abordó con descaro, ofreciéndonos maravillosos boletos numerados de ring, sosteniendo un sucio mapa del lugar y apuntando con el insistente dedo la privilegiada ubicación que nos vendía. Rechazándolo de la manera más amablemente posible, proseguimos en involuntaria caravana hacia el luminoso letrero de la taquilla, mientras vendedores de semillas y parafernalia luchística (así como de “alimentos” que introducir a la Arena, aunque se encontrara estrictamente prohibido) pregonaban a nuestras espaldas. Fue entonces cuando la reventa se hizo patente a nuestros ojos de nuevo, siendo una mujer quien ahora nos ofrecía boletos en la esquina dos mil. Mostrándonos de manera entusiasta uno de los boletos, que clamaban valer sesenta pesos… cuando ella los vendía en cien. Siendo víctimas conscientes de el asalto más pasivo de la historia, decidimos desprendernos de dichos cuarenta pesos… qué más daba. Arremolinados entonces entre la multitud, obedecimos la estridente instrucción de “las mujeres en el centro… ayúdenos a ayudarle…”, y otras tantas frases que intentaban persuadirnos a seguir el orden. Aquella pseudomujer registraba a todas las féminas, pidiéndoles hombrunamente que le mostraran el contenido de sus bolsas, paseando truculentamente las manos por sus cuerpos en una “medida de seguridad” que olímpicamente ignoraba la posibilidad de introducir navajas, drogas o cualquier otro artificio en los pies o pantorrillas. Bien, habiendo ascendido la escalinata, el vestíbulo de la Arena nos recibía con un incitante olor a palomitas y alcohol (y en ocasiones, un poco de marihuana quemada), accediendo por una esquina al sopor que nos regalaba el olor a humanidad.











SEGUNDA CAÍDA. (O CÓMO LOS RUDOS Y TÉCNICOS TRANSFORMARON NUESTRAS VIDAS)

Seguimos entonces a un acomodador que nos timó posteriormente por llevarnos a nuestra anhelada esquina dos mil, cobrándonos una módica propina por sus servicios. Desprendiéndonos de nuevo de una moderada cantidad, tomamos los siete asientos de primera fila en la esquina, frente a cuatro formales hombres que unos minutos más tarde (y algunas cervezas después) aflojarían sus corbatas y llenarían de improperios a las madres de los combatientes, mientras nosotras tratábamos de vencer la inseguridad de lo que en los asientos podíamos encontrar. Siendo acosadas por vendedores de alimentos y máscaras, una de nosotras se vio vencida al atractivo de una pequeña máscara del difunto y legendario Huracán Ramírez, que por treinta pesos brillaría en el espejo retrovisor de su auto. Acto seguido, el hambre nos persuadió de llamar al vendedor de tortas: Después de rumiar una torta de la Arena México, uno sabe que puede vivir tranquilo el resto de sus días. Unos segundos después de discernir entre jamón y queso de puerco, un silencio repentino embargó a la turba. Era el silencio previo a las instrucciones del anunciador, quien ahora gritaba con ese característico tono aumentado que se sortearía el orden de la triple lucha estrella. Habiendo anunciado tras una pelea de parejas preliminarmente sosa, una tómbola que arrojaría como resultado que el primer combate sería entre la afamada Park, liderando a Blue Panther (luchador norteño de grandes proporciones) y a Mr. Niebla; y los rudos representados por Atlantis (al cual las chicas detrás de nosotras optaban por ofender llamándolo “p…. charalito”), cuyo séquito se conformaba por el Último Guerrero y Olímpico.


Abriendo paso al primer combate, la pasarela que conducía al ring se iluminó por primera vez, mientras una docena de chicas en breves y brillantes prendas desfilaban y mientras los luchadores aparecían. La Park parecía ser el más aclamado de la noche, mientras la Porra Ruda de Pachuca aclamaba a Olímpico en su intento de despojar a la Park de su máscara, convirtiéndose aquello en un combate en el que vencerían los rudos. Fue entonces que, después de un silencio de solaz y descanso, el anunciador volvió al ring para preparar a la audiencia, quien ahora presenciaría la lucha de damas. La imponente Marcela se presentaba ahora con su cuerpo hombruno, que le valiera el campeonato del Consejo Mundial de Lucha Libre. Las féminas ahora pelearían de dos a tres caídas: entre jalones y manazos, procederían a buscar la fiera destrucción de su oponente, lanzándose de la tercera cuerda e invitando a las demás chicas de la audiencia a obedecer al imperioso instinto de tomar por los cabellos a aquella desdichada que se atreviera a perturbar su tranquilidad y/o espacio personal. Venciendo esta vez las técnicas, abrieron paso al segundo combate de la triple lucha estrella: el encuentro entre Dr. Wagner, Dos Caras y el Hijo de Lizmark en el colectivo técnico, mientras los detestados “Perros del Mal” se verían representados por Héctor Garza, Mr. Águila y el amenazante Terrible. Despojado de su chaleco de piel y ataviado ahora sólo por un breve calzón rojo, Garza propinaba a sus adversarios unos cuantos golpes que sonaran histéricamente entre gritos cual azote contra piel mojada, mientras los espectadores agitaban sus matracas y hacían sonar sus trompetas en lo que por alguna razón se asemejaba mucho a mentadas de madre. Fue entonces que de nuevo se llevaron la victoria los rudos, decepcionando a la porra técnica, que apoyaba al “Galeno del Bien” (a quien nosotras aclamáramos con entusiasmo, haciendo constante referencia a cierta enfermedad inexistente que nos achacábamos con tal de gozar de una revisión gratuita y no del todo médica). Como es de notarse, para estas alturas de la apreciación pugilística nos embargaba la subcultura de la que participábamos, y ya no temíamos al ello de algún espectador enfurecido que decidiera lanzar “agua de riñón” al inocente público.[1]


Fue entonces que al término del segundo combate ocurrió algo que no previmos de ninguna manera: la imperiosa necesidad de dos de nosotras por asistir al sanitario más cercano. Temerosa, una de nosotras optó por preguntar a su pareja, quien terminantemente le pidiera que controlara sus esfínteres un tiempo más, para no arriesgar su integridad física a manos de cualquier amenazante mujer en el baño. Si bien no pudimos obedecer ese consejo, acudimos al baño escoltadas de otros dos chicos, quienes hubieran esperado con la oreja pegada a la puerta de no ser porque el asco les embargaba. Entonces el mito más temido fue desmentido: el baño de la Arena México se encontraba sorprendentemente limpio, dejando entrever que era tremendamente parecido a cualquiera del campus. Al salir, nos topamos con un hombre que lucía estridentemente importante (al que más tarde denominaríamos Sr. Banana): ataviado con un traje amarillo canario y un sombrero ranchero del mismo tono, quien se pavoneaba intranquilamente por los pasillos. Al advertir su posible importancia, interrogamos a uno de los vendedores incidentales quién era, revelándonos éste que se trataba de un fotógrafo. Al principio la desilusión nos embargó. Sin embargo, acto seguido pensamos en la ventaja de acudir a él por una foto con alguno de los luchadores. Temerosas, regresamos tras él al combate tercero que ahora se desarrollaba como el más importante: la revancha entre Místico, Negro Casas y Black Warrior por parte de los técnicos, y Tarzan Boy, Averno y Mephisto. Mientras el individuo del áureo traje nos prometía una fotografía tras el combate por la módica cantidad de sesenta pesos, decidimos que no era relevante ser timadas por tercera vez, consintiendo entonces encontrarle al final del encuentro en la salida que anunciaba “box y lucha”.
Volvimos pues a nuestros asientos, atestiguando la reyerta final. Místico ahora lucía acorralado por los rudos, quienes le acosaban ansiosos de despojarle de la máscara, mientras los fotógrafos y camarógrafos televisivos se posaban bajo de él, famélicos de acción que vendiera más ejemplares o les consiguiera un rating más alto. Liberándose trabajosamente de los rudos, Místico logró decepcionar a estos periodistas, mientras se erguía con dificultad y orgullosamente volviendo el pedazo de máscara rota a su lugar, huyendo de revelar su identidad. Pocos minutos después, Negro Casas atemorizaría al selvático Tarzan Boy de forma tal que los técnicos resultarían vencedores para nuestro deleite, nosotras quienes a este punto vibraríamos ante el saludo de Místico, quien exigía ser tomado en cuenta para los posteriores encuentros, mientras su máscara rasgada revelaba parcialmente su identidad en un dramático arranque de los espectadores varones, quienes se identificaban con él… y de las damas que ahora le deseaban de manera sobrehumanamente erótica. Finalizó pues la Triple Lucha Estrella en presencia de llaves apasionantes, caídas de la tercera cuerda y artificios que nos hicieran temer por nuestro nuevo ídolo y símbolo sexual. El desenlace significaba, trágicamente… que debíamos ir en busca del hombre de amarillo, que ahora se perdía irremediablemente entre hombres ansiosos y mujeres que gritaban desesperadas tras el tan criticado calzón rojo de Héctor Garza.





TERCERA CAÍDA. (O LEYENDA DE UN FOTÓGRAFO EMBAUCADOR Y UN CALZÓN ROJO)

Habiendo terminado el evento luchístico, y embargándonos aún la euforia del combate, nos vimos arrastradas por la turba desesperada por fotografías con los gallardos héroes populares, que se empecinaba en emplear la misma salida que nosotras. Bien, advertimos entre la gente al Señor Banana, que nos refirió de nuevo a la salida opuesta, mientras una chica le jalaba de la mano, invitándole a seguirle a la salida. Ruinmente, nos alejó insistiendo en encontrarnos del otro lado, a lo que nosotras realmente ansiamos responder con una seña obscena (obedeciendo al proceder de esta subcultura que ahora nos embargaba). Nos dirigimos pues hacia la mentada salida, caminando contra la corriente que se formaba por otras doscientas personas que ya habían contemplado dicha solución. El paroxismo del placer luchístico disfrazaba entonces nuestra dificultad por caminar, ansiando cada vez más llegar al centro de la Arena, a aquel ring custodiado por algunos hombres de trajes negros y audífono que les hacía lucir importantes, o al menos les distinguía de los custodios usuales de las entradas. Marchitando pues nuestras ansias de subir al ring, decidimos seguir el letrero luminoso que nos llevaría al recuerdo último (una fotografía con la Park, o con el maravilloso Místico) de esta experiencia. Acudimos pues a dicha salida a los vestidores, donde la multitud arremolinada arremetía verbalmente contra un hombre con megáfono que ilusamente pretendía controlarlos con profusas instrucciones de orden. Vencidas ante esta escena, terminamos por aceptar que el fotógrafo de traje chillón nos había estafado y ahora debíamos volver a casa (a ello agregado el jaloneo de brazo procurado por nuestros cansados padres). Salimos pues, no sin antes tomar algunas fotografías del ring, mismo en el que sudaran y sufrieran histriónicamente los combatientes.
Resignadas, miramos hacia atrás en esa noche: había terminado nuestra experiencia… pero el incitante olor a tacos afuera del recinto nos decía que deberíamos volver en otra ocasión para procurar improperios y alabanzas a los luchadores (ídolos del pueblo, y ahora también nuestros)… si es que la salmonella no nos alcanza primero.


[1] No pudiendo cerrar esta oración sin antes aclarar que tal acto constituye un mito, ningún tipo de fluido corporal (salvo saliva en algunos casos) nos fue lanzado. “¡Ahí va el agua!”: expresión empleada en el estricto caso de que alguno se atravesara a la visión del espectador apasionado y encolerizado para tales fines.







Crónica por Villegas * (va con dedicatoria a mis compañeras de jornada y al inseparable Pumita)

Increíbles fotos por Melo*
IlustraCEÓN final por Rockdreegou, Mitómano Improcedente*

Ambiente, sudor y salivazos, Arena México y Arena Coliseo*

lunes, 16 de abril de 2007

Sábado Distrito Federal


"Desde temprano no hay dónde parar el coche, ni ruletero que lo quiera a uno llevar..."
Los cincuenta, y el maestro Salvador Flores Rivera ya sabía interpretar el lenguaje de la Ciudad de los Palacios... Melo tampoco encontró ruletero, pero sí un nostálgico bicitaxi, presa de esta inmortalidad en la foto.
Foto por Melo*
Sabiduría por Chava Flores*
[Y, metiendo su cuchara, Villegas...]

viernes, 13 de abril de 2007

De notas urbanas: Respuesta del Corazón

Mi muy estimada Señorita Villegas (dos puntos)

Al leer el memorándum que recibí en días pasados (coma) debo confesar (coma) me sentí un tanto alarmado (punto) ¿Cómo es posible que prescindas [abre paréntesis] he de tutearte desde este momento (coma) puesto que es la única circunstancia que me permite envalentonarme [cierra paréntesis] de mis servicios a estas alturas? Sin embargo (coma) he de contestar de manera precisa a la propuesta que sobre la mesa has puesto (dos puntos) me vale madres (punto) Sí (dos puntos) No me es posible responder de manera expresa a una propuesta tan alarmantemente ilusa (punto) Habrás de comprender los pormenores de mi desempeño que juzgas como inadecuado cuando hayas entendido a cabalidad tu alrededor (coma) y mires más allá de tu nariz (punto) Tanta solemnidad da asco (punto) No te queda (coma) si me preguntas [abre paréntesis] y si no es así (coma) sigo sosteniendo mi versión de los hechos [cierra paréntesis] (punto)

De cualquier manera (coma) quedo a tu servicio (coma) quieras o no (punto) No quiero sostener ningún diálogo ni enfrentarme a tu comité imaginario (punto) El cese de labores está fuera de la cuestión (coma) pues (punto) Solamente déjame hacer mi trabajo y deja de jorobar con tus niñerías (punto) Agradecería profundamente que fueras tú la que se dejara de mamadas (punto)

Sin más por el momento (coma) afirmo con total certeza [abre paréntesis] aunque la juzgues de inoportuna (coma) a este respecto no hay más que decir [cierra paréntesis] que seguiremos viéndonos (punto)

Atentamente (coma)

El Corazón (punto)

--- Fin del mensaje ---

miércoles, 11 de abril de 2007

De notas urbanas: Memorándum al corazón

Estimado Señor Corazón (dos puntos)

Por medio de la presente le pido cese las sandeces y desista de su servicio (punto) En la empresa presente (coma) no tiene usted lugar (punto)
Ha mostrado un deficiente desempeño al llevar a cabo sus labores en el momento en que no son requeridas (punto) El asunto de su liquidación será abordado más tarde (coma) en el extenso diálogo que con usted pretendo sostener (punto) En términos generales (coma) desisto pues de su servicio de manera definitiva (coma) dándole de baja (punto)

La razón principal de la decisión tomada es pues su desempeño en los últimos años de servicio (coma) como se expondrá en el posterior encuentro (coma) detallando que (coma) en términos coloquiales (puntos suspensivos) esto son chingaderas (punto)

Preséntese cuando le sea indicado (punto)

Atentamente (coma)

Valeria Villegas (punto)

--- Fin del mensaje ---

domingo, 25 de marzo de 2007

Nicotina con olor a città


"Sólo fumo cuando una mujer bella me invita"
Momento by Melo*
ARITOS DE HUMO
Desde que era una adolescente pensé firmemente en esa no nada. En esa tontería. Celebraba mis gilipolleces. Aunque aún lo hago, quizá a causa de esa influencia pablina. Pensaba en que, cuando fumaba, podía escribir cosas con el humo del pitillo y a quien tal mensaje fuera destinado llegaría. Por alguna circunstancia, sigo creyéndolo. Quizá en un afán de romanticismo cínico, sigo pensando que ese pútrido aire de ciudad es compartido. Ignoro qué tan noble pueda ser el humo del cigarrillo para entregar los mensajes a esos destinatarios que con frecuencia ignoran lo que uno pudiera decirles. Un “te amo” escondido, una señal de humo rancia, definitivamente habrían de llegar a su destino. Guardado en el no sé dónde, junto al no sé cuál.* Un rezo anónimo, una emoción sutil pero provocada por los aritos de humo. Tú dime a dónde van.
Nostagia by Villegas*
*Cortesía de San Pascualito Rey, "Te voy a dormir". LP "Sufro, Sufro, Sufro"

viernes, 23 de marzo de 2007

Barra de Labios

EN LAS PRIMERAS CRÓNICAS MARCIANAS QUE LES PRESENTAMOS POR ACÁ, INICIAMOS CON UN RECORRIDO POR EL DISTRITO ROSA DE LA CIUDAD DE MÉXICO.
DISFRUTEN EL DESCHONGUE PROFESIONAL DE ESTOS SUS SERVIDORES (EN ESTE CASO, EL RELATO DE LA VILLEGAS Y SU COLECTIVO DE AMIGAS), Y COMO DECÍA EL MAESE GARCÉS: "AHÍ LES DEJO MI REPUTACIÓN PARA QUE LA HAGAN PEDAZOS".
COMENTARIOS SOBRE EL MÉJICO MÁXICO, BIEVENIDOS.
"El plan travesti radical...
le doy la espalda a toda muestra de tristeza"
[Fangoria]



Esta vez la escena pretende dibujar una experiencia que prometía guiarnos por una de las zonas más escandalosas de la Ciudad de México. El distrito reconocido por su multicolor aspecto, aquél donde se dan cita los más atractivos e inalcanzables jóvenes para cualquier chica heterosexual con ambiciones medianas. De la misma manera, mujeres de todo aspecto, desde las más esmeradas en cuidar su aspecto, pasando por aquellas de hombruna apariencia, hasta llegar a aquellas que solían ser del género contrario, y resolvieran que la vida de oropel y color era lo que realmente querían.

Decididas a sumergirnos de la manera más fiel en esta subcultura, arribamos a la Zona Rosa a una hora que nos permitiera recorrer las calles infestadas de fiesta, y de hombres que incesantemente nos abordaban con el propósito de conseguir clientela para sus despoblados bares y discotecas, aquellas donde abundaban hombres de mediana edad y la vida festiva mermaba más que ofrecerse atractiva. Empezando el recorrido en la calle de Amberes, paseo más representativo del Distrito Gay más conocido de la Ciudad. Repentinamente, nos encontrábamos frente a 42nd Avenue Café, un establecimiento donde los más bellos meseros comenzaban a hacer su aparición, a paso lento hasta llegar a la cadena del BoyBar. El letrero luminoso revelaba la cara de muchos jóvenes ansiosos de diversión libre de prejuicios, mientras los cafés comenzaban a disminuir en concurrencia y el BGay BProud Café (uno de los pioneros en establecimientos gay) cedía en clientela para llenar lugares tales como La Gayta Bar, cuyo apéndice contiguo, el Pussy Bar, se presenta preferido de las parejas de chicas, quienes de maneras ya discretas o manifiestas disfrutan de una fría cerveza entre besos y caricias, risas y charlas más abiertas de lo que usualmente tendrían en un contexto cultural ordinario.

Es esta la ciudad que despierta de noche, aquella que puebla las calles de jóvenes en edades apenas legales envueltos en afeminados perfumes e incluso maquillajes, quienes optan por ataviarse en un oculto sanitario con olor a comida rápida de fondo, aquellos que con infantiles motivos buscan diversión con personas del mismo sexo, sin necesariamente responder a la promiscuidad que se les adjudica. Muchos de estos varones desesperados por no encontrar chica heterosexual alguna saludaban a nuestro colectivo, sonriendo en busca de correspondencia. A ello optamos por tomarnos de la mano y escandalizarles, algunas veces sonriendo indiferentes, y otras tantas acariciando el cabello o cintura de nuestras ficticias parejas. Caminando así llegamos a la calle de Génova, millonaria de legiones de turistas y grupos de amigos que coinciden en el metro Insurgentes, la línea rosa… sin mejor asociación posible. Frente a un mini mercado, el stand de postales e información gratuita sobre las tribulaciones del ambienta gay se erguía orgulloso, amenazando con desarticularse y guardarse hasta el fin de semana siguiente, cuando las mismas caras le verían y muy probablemente acudirían a saludar al amable vocero. Virando a la derecha, pudimos advertir una escandalosa vitrina de esculturales maniquíes, ataviándolos de sensuales chicas de colegio católico, de enfermeras o chicas sumisas, ofreciendo en un arabesco de neón un servicio de recreativas cabinas de tres equis. Dejando el pudor atrás, ascendimos por la glamorosa escalinata hasta el umbral de la tienda, cuando innumerables productos faliformes ante nosotras se exhibían. Recorriendo lentamente los pasillos, las más insólitas soluciones a la soledad se antojaban realistas y flexibles, de colores insospechados y sabores aún más inusuales. Las más diversas perversiones ahí se materializaron, en un estante donde el dolor es placer y la humillación consensual ofrece noches interminables de olor a piel, sudor y furtiva práctica.

Agravando su estado, la sección más inocente de juegos y despedidas de soltera daba paso a un sinnúmero de títulos fílmicos con explícitas portadas, convivían entonces los en otros tiempos circenses hermafroditas, incitando a la sodomía o bien, a otras tantas prácticas transexuales, homosexuales y heterosexuales que en la privacidad del hogar podían vivirse. Un hombre alrededor de los cuarenta años miraba sin recato el material videográfico, con ansiosas miradas ocasionales a su derredor, y más ansiosas manos. Fue entonces que observamos alrededor: no había ninguna otra fémina en el establecimiento, las cabinas se observaban oscuras y vedadas a cualquier pensamiento puritano. Una de las chicas del equipo miraba azorada todos aquellos artificios y genitales artificiales, preguntando qué uso tenía cada uno a las dos chicas más experimentadas en la materia, aquel par que bajo su protección había tomado desde el principio al resto de las chicas para guiarles en la nocturna travesía por el distrito más vivo.

Resolvimos pues salir, no sin antes mirar por última vez la parafernalia de variedad insospechada. La calle abrazó entonces nuestra ansiedad de fiesta, mientras una mujer nos abordaba ansiosa y un tanto insistente invitándonos a un espectáculo que denominó “bueno, bonito y barato” con bellos cuerpos masculinos en breves ropas, alcohol ilimitado y sano ambiente (sí, claro). Después de estar a punto de ceder en una meditación fugaz contestamos con una negativa, mientras el rugir de motocicletas amenazaba con impedir nuestro paso, una de las chicas atravesó la calle intempestivamente y facilitó pues la circulación de este colectivo de féminas, mientras un patrullero gritaba obscenidades a un inconsciente hombre que se había detenido anteriormente posando sus palmas sobre el cofre de la patrulla sin recato alguno. Pasaron pues los motociclistas, no sin antes esbozar pervertidas sonrisas y guturales sonidos que pretendían manifestar su lujuria, ante lo cual respondimos con el ahora acostumbrado aire lésbico fingido (que unas veces funcionaba, y otras tantas resultaba contraproducente por apelar a la lujuria retorcida de las mentes masculinas).

Tanta actividad ajena despertó nuestro apetito y a ello respondió oportunamente esa gigantesca eme amarilla que nos hipnotizaba y ofrecía calmar nuestra famélica ansiedad por un módico precio. Después de ordenar tomamos un lugar próximo a la ventana, desde donde podíamos ver desfilar hombres y mujeres de paso parsimonioso que sin duda alguna terminarían en algún lugar celebrando el simple hecho del fin de semana. En este restaurante de comida rápida se dan cita los más jóvenes especimenes del ambiente homosexual, y otras tantas veces los más experimentados acuden a la caza de estos primerizos especimenes. Esta aseveración se vio confirmada cuando una joven pareja de chicos penetró en el local y sin disimular se aproximó sospechosamente al baño, sin consumir producto alguno, para asegurar la puerta y no salir en un buen rato. Reíamos estridentemente cuando un par de hombres sorprendentemente heterosexuales nos miraron, con un aire extraño de superioridad. A ello respondimos riendo del aspecto de padrotes que ostentaban; a sabiendas del peligro que nuestra burla representaba, salimos del local rápidamente. Fue entonces que decidimos visitar la tienda travestí que se erguía exótica con luz negra y boas de plumas fluorescentes, para advertir que se encontraba cerrada, acudiendo al nunca mentiroso reloj. Era casi media noche, culminante momento que nos dirigía ahora a nuestro destino primario: la discoteca Lipstick. Siguiendo alegremente el camino de colores, tuvimos otra digresión al desviarnos a la diestra: una enorme flecha de colores vibrantes nos invitaba a la tierra del arco iris, tienda de orgullo homosexual, ambivalente e incluso transgénero que ofrecía los más variados productos distintivos. Después de un breve recorrido en su interior, salimos al aire de vibrante festividad… era hora de penetrar en ese mundo de sensuales movimientos y otras tantas afeminadas coreografías comerciales.

Ubicada al lado de una tienda de lencería con una invitación por nombre, congregaba ya a atractivos varones en sus filas. Sin problema alguno logramos penetrar al recinto, deseando que todos los establecimientos fueran tan tolerantes y civilizados. Después de pagar por lo que se antojaba una divertida noche, ascendimos apresuradas por la escalinata, ante la previa advertencia de una de nosotras que con anterioridad había acudido, sentencia que involucraba bellos cuerpos masculinos y descubiertos sirviendo bebidas espirituosas. Aquellos cuerpos bronceados nos proporcionaron pues una ronda de cervezas con un estético manjar visual, así como un peligroso cóctel que amenazaba con embriagar al más experimentado beodo. El ambiente circundante hacía flotar una atmósfera impertinentemente densa debido al humo de cigarrillo, y a la lujuria con la que se miraban esos chicos ataviados de las maneras más seductoras...
La luz jugaba burlonamente con su faz, como si quisiera dibujarlos a manera de mítica fábula, les era complaciente y les retaba, les acariciaba con los nocturnos soles de la luz callejera que provenía del ventanal. A ello, esos émulos de la cultura griega tendían sus redes al más débil, y retaban a placer al más impenetrable ego. Mientras intentaban competir con nuestro colectivo de chicas por el baile más sensual y afeminado, pudimos advertir desde un principio que la gran mayoría de los asistentes eran varones y las pocas féminas que asistían lo hacían en pareja, con un infinito aire de fidelidad y otras tantas con masculinas apariencias que pretendían camuflarse. Claro está que entre estos masculinamente andróginos individuos reinaba lo estético, no sin antes mencionar de manera indiscreta que esto constaba en los compañeros universitarios que ahí nos encontramos, que sin empacho alguno practicaban las más deseables poses que más tarde disimularían en Plaza Borregos al fumar.
Acudimos pues al rítmico son de la terraza, alumbrada por circulares lámparas rojas que con suave luz adornaban nuestras fotografías digitales, mientras un chico acudió agitado a una de ellas, preguntando a una de las chicas que abrazó si era lesbiana y su pareja lo golpearía por celos. Al mismo tiempo, otro chico acudía a una de las compañeras del equipo elogiando su brillante top y mostrándose admirado ante la posibilidad de conseguir uno igual.

Extrañas anécdotas se desarrollaban entre el humo de cigarrillo y el baile de calentamiento preliminar, mientras en la barra una pareja de bellas chicas se besaban con ansia romántica. Procedimos pues a ceder poco a poco al ritmo de caderas cadenciosas y a la breve plataforma con invitantes tubos que a nuestro lado se erguía. Fue entonces que un trío de atractivos hombres comenzaron su ensayo de amor, deseosos de atención ondeaban de maneras explicables su bien formado cuerpo, a lo que unos tantos respondían con admiradas miradas y discretos aplausos rítmicos que les instaban a seguir con su involuntario performance. Conversando un poco con un repentino compañero que decía llamarse Axa, resolvimos bajar por otra ronda de felicidad etílica mientras admirábamos aquellos cuerpos que servían sin cuestionar, evocando pensamientos que poco tenían de puros. Bailamos pues en la zona regular mientras las canciones de nuestra pubertad invitaban a cantarlas a todo pulmón, unas tantas con coreografías que todos parecían haber ensayado con anterioridad y otras tantas que nos hacían acudir a los más exóticos movimientos. Así, un atractivo hombre venezolano se aproximó sin cuestionamiento invitando al rítmico pecado a una de las compañeras, quien sin cuestionar entabló un discreto duelo con él en un inexplicable movimiento que no parecía tener fin. En el borde del desmayo, el chico se retiraba con un beso en la mejilla, agradeciendo la oportunidad de compartir sus extranjeros atributos dancísticos (y físicos, claro está) con una chica mexicana. En este momento el cansancio nos embargaba, pero una familiar y enérgica melodía invadió nuestros oídos, que inmediatamente reconoceríamos como el tema de la legendaria Carabina de Ambrosio, a lo cual respondimos moviéndonos a la involuntariamente sincronizada coreografía obviando la tortuosa sensación que nuestros pies reconocían como caminar sobre trozos de vidrio. Fue después de la samba, la cumbia, el lascivo reggaetton y el más progresivo electrónico que decidimos retirarnos de ese lugar, que nos retenía abrazando acaloradamente nuestra algarabía, mientras el reloj marcaba una cercanía peligrosa a las cuatro de la mañana. Apesadumbrados, nuestros pies recogieron la última nota de delicioso ritmo, y nos dirigieron inevitablemente escalinata abajo… negándonos a dejar tan singular y ahora tan familiar lugar, rescatando de manera sutilmente desesperada el último haz de suave luz rosa mientras el valet nos entregaba el vehículo que nos llevaría de vuelta al mundo de la supuesta heterosexualidad dominante, donde los prejuicios entretejidos alrededor de la homosexualidad y la bisexualidad (y qué decir del travestismo y la transexualidad) son aún fuertemente evidentes. Trayecto triste hacia el norte de poca tolerancia, donde los cafés de homosexual concurrencia deben estar ocultos en plazas de poca monta.

México mágico, y predominantemente machista.
[Agradecimientos a Pris Robles, sin ella esta crónica cínica y desenfadada no hubiera sido posible]

jueves, 22 de marzo de 2007

Calavera de temporada permanente



Haz de seguir riendo en la misma silla...
Foto por Melo*